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  • Unai Aso Poza

¿Cómo está afectando la COVID-19 a niños y adolescentes?

Miles de estudiantes han tenido que padecer el aislamiento forzado en las universidades y cientos de niños se están ausentando de los colegios debido a las medidas restrictivas impuestas por la pandemia de COVID-19. El futuro incierto al que estos jóvenes se enfrentan incluye un panorama desolador, con una economía en recesión y un mundo laboral en el que escasean los puestos de trabajo.


La preocupación se extiende por el incremento significativo de los problemas de salud mental que ya venían creciendo antes de la pandemia, particularmente entre adolescentes. Se estima que uno de cada ocho niños y jóvenes padece una patología psiquiátrica y las investigaciones señalan que ha habido un incremento notable de los sentimientos de soledad y aislamiento social.



En un estudio, publicado en la revista The Lancet Psyquiatry, se ha concluido que la salud mental de los niños se ha deteriorado más durante este periodo de pandemia en comparación con otros grupos de edad. Los niños de primaria han reportado más problemas emocionales y de comportamiento relacionados con el estrés que han sufrido sus padres por las dificultades para conciliar trabajo y familia, y un 83% de los jóvenes con algún trastorno mental se ha sentido peor durante el encierro. La cuarentena también ha expuesto a los niños a correr otros riesgos como la violencia doméstica, el hacinamiento y las relaciones familiares tensas, siendo las familias más pobres las más afectadas.


Entre los adolescentes, los trastornos alimentarios, que tienen una alta tasa de mortalidad, son un problema especialmente relevante. Algunas universidades también han detectado señales tempranas de que las tasas de suicidio de niños y adolescentes pueden haber aumentado desde que comenzó la crisis sanitaria.


No obstante, no todo parecen ser malas noticias, ya que aunque los sentimientos de depresión pueden haber aumentado, los niveles de ansiedad en los jóvenes de entre 13 y 14 parecen no haber aumentado; al tiempo que algunos han luchado contra el aislamiento y la falta de contacto cara a cara con amigos y maestros, otros se se han sentido aliviados por estar lejos del estrés diario de la escuela y han afrontado mejor esta situación extraordinaria.


Con todo, debemos estar atentos los próximos meses y no perder de vista que va a ser más necesario que nunca dedicar esfuerzos y recursos para abordar el impacto psicológico que la crisis de la COVID-19 está teniendo en la salud mental de miles de niños y jóvenes.

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